Santuario de Ntra Sra de la Cabeza

 

Este resumen contiene tres partes, El Templo, su historia y su leyenda

El santuario

Al sur de Motril, sobre un pintoresco cerro aislado desde el que se domina la población, la vega y el mar, se alza el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, Patrona de esta ciudad.

En época musulmana coronaba la cumbre de este pequeño monte un castillo llamado Qalat-al-Xaiar, donde cuenta la leyenda que residía por temporadas la reina Cefi Fátima Horra, hija del rey nazarí Muhammad IX el Zurdo, esposa de Abu-I-Hasan y madre del último rey musulmán granadino Boabdil. Esta fortaleza fue mandada derribar por orden de los Reyes Católicos en 1499 ante la eventualidad de una sublevación mudéjar.

De la ermita levantada en aquel lugar poseemos muy pocos datos, sólo sabemos que era un edificio rectangular, muy pequeño, sencillo y construido con los materiales del derribo del castillo.

A esta ermita se llevó la Virgen y se le dio su culto durante más de cien años, hasta que en 1613 los franciscanos fundaron su convento en ella, otorgándoseles por el Consejo el edificio, imágenes y ornamentos, autorizándose la ampliación del templo existente hasta el cimiento antiguo del castillo que estaba en el lado sur del Cerro y toda la ladera desde la ermita hasta el cimiento antiguo de la fortificación en el lado de poniente. Las obras del nuevo convento duraron hasta 1 .615, año en que los franciscanos allí se trasladaron.

Tampoco conocemos cómo fue arquitectónicamente este nuevo convento franciscano, pero pronto debió quedarse pequeño, ya que la Orden decidió construir uno nuevo al oeste de la población, convento e iglesia que se concluyeron sobre 1 .630.

Al irse al nuevo convento, los franciscanos pretendieron llevarse consigo la imagen de la Virgen de la Cabeza. Esto ocasionó un gran escándalo en la villa, que obligó a intervenir al Cardenal Espínola, quien decidió el traslado de la Imagen a la Iglesia Mayor y prohibió que de allí se sacase bajo pena de excomunión.

El Concejo motrileño puso pleito a la Curia ante la Real Chancillería de Granada, argumentando que la imagen de la Virgen era propiedad del pueblo de Motril. La sentencia no se hizo esperar y el tribunal falló a favor de los motrileños el 29 de enero de 1.631, restituyéndose seguidamente la Imagen a su Iglesia.

Pero el edificio estaba prácticamente derruido y por iniciativa popular y municipal, se resolvió erigir a la Virgen un santuario, dando principio a la recolección de las cantidades necesarias para ello en los primeros días de febrero. El 12 de este mes se empezó el derribo del edificio antiguo, concluyéndose justo un mes después. El 13 de marzo se comenzaron a abrir las zanjas para los cimientos bajo la dirección del maestro Isidro Lachica y el 25 de marzo de 1.631 se colocó la primera piedra, dentro de la cual se pusieron una lámina de plata con la fecha y los nombres de los regidores, que fue labrada por el platero Miguel de Santiago, y 14 reales en monedas diferentes.

Tras dos años de preparación y fraguado de la cimentación, se iniciaron la obras de albañilería en 1.633, concluyéndose con la consagración del templo en 1.641. Antes, en 1.635, el Concejo en nombre de todos los habitantes de Motril declara su patronato, cosa que también hizo en 1.711 el rey Felipe Y, denominándose desde esta última fecha como Real Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza de Motril.

Desconocemos quién fue el autor de la traza del nuevo templo, que destruido en parte durante la Guerra Civil, fue restaurado intentado conservar en lo máximo posible su antigua estructura. Ello, junto con la existencia de numerosa documentación fotográfica anterior a 1.936, nos ha permitido realizar un estudio descriptivo del Santuario.

Se levanta sobre planta de cruz latina, tiene una sola nave cubierta con bóveda de medio cañón con lunetos y dividida en tramos por gruesos fajones. Posee una pequeña capilla en el lateral derecho, seguramente dedicada a la Virgen en su origen; transepto o nave de crucero amplio y cubierto con cúpula semiesférica rebajada sobre pechinas, capilla mayor rectangular, elevada y profunda cubierta con bóveda de medio cañón; camarín cuadrado en la cabecera cubierto con cúpula semiesférica sobre pechinas, coro en alto sobre arco escarzano a los pies, sacristía a la derecha y torre campanario en la cabecera del templo sobre testero izquierdo.

Toda la obra es de albañilería, muros de técnica mixta de cintas y rafas de ladrillo y cajón de mampostería. El cuerpo de la nave principal tiene en las esquinas cuatro grandes machones de obra de fábrica para reforzar los muros y contrarrestar los empujes de la construcción. Las paredes exteriores son lisas, de ladrillo visto en su origen y en donde el único ornamento es el revocado de los cajones de mampostería y el friso de mensulones de ladrillo doblados rematado por una cornisa y de muy buen efecto por el acentuado sombreado que produce en la parte alta de los muros. La cúpula de la nave de crucero queda oculta en el exterior por una torre o cimborio de base cuadrada más prominente que la nave principal y decorada con pilastras toscanas en las aristas y cornisa de canecillos. Este cimborio presenta óculos enmarcados por un recuadro de ladrillos para iluminar la cúpula. La nave del crucero tiene vanos rectangulares en los testeros sur y norte enmarcados por pilastras toscanas y entablamento clásico, al igual que los vanos de la nave principal situados a ambos lados de los muros y al pie de la iglesia. Posee dos portadas. Una lateral en el testero izquierdo con arco de medio punto, ménsula en la clave y enmarcada con un moldurado de ladrillo de pilastras toscanas de entablamento clásico, rematado por un frontón triangular con escudo real de Felipe V. La otra puerta esta situada a los pies del templo y es también de arco de medio punto  con ménsula, enmarcado con pilastras toscanas y entablamento clásico de ladrillo. Todo el edificio se cubre con tejado a cuatro aguas con caballete de mediana inclinación.

El interior en también sobrio, revocado y enlucido de blanco y su decoración se reduce a las muestras de pilastras, entablamento, cornisas y arcos tajones. Las pilastras de estilo toscano y los arcos con ménsulas en la clave muestran los tramos de la nave principal y recorre todos los muros un friso decorado con recuadros y una cornisa fuertemente moldurada. La nave de crucero posee cúpula semiesférica deprimida sobre pechinas y sostenida por arcos torales, decorada con el mismo friso en el anillo y dos bandas a modo de radios que segmentan su superficie. Todo realmente sobrio y sencillo, estando, incluso, las pechinas sin decorar y la bóveda de la capilla mayor lisa.

Todo el retablo esta enmarcado por un gran arco de madera de medio punto con columnas toscanas sobre podium, cuyos fustes aparecen decorados por relieves vegetales dorados, la rosca decorada profusamente con relieves de motivos vegetales dorados y el intradós como representación alegórica del cielo. En la clave de este arco aparece entre rayos la representación del Espíritu Santo en forma de paloma.

Es una obra en la que predomina la policromía, que con el tornasolado de los estofados, consigue un conjunto armónico y sereno y un trabajo de excepcional belleza. (Tomado de: “Cuadernos del Patrimonio Histórico-Artístico de Motril. El cerro de la Virgen de la Cabeza”. Editado por el Área de Educación y Cultura del Excelentísimo Ayuntamiento de Motril)

El retablo

En este retablo se sintetizan de forma alegórica todos los valores de la tradición con respecto a la leyenda y culto de la Virgen de la Cabeza. En su diseño se rompe con la tradición del retablo barroco y está construido sobre un zócalo de mármol negro, sobre el que destaca un sotobanco con distribución clásica de peinicecería y tableros ricamente tallados con florones y motivos vegetales. Seguidamente aparece el banco donde se representa la orilla de la playa, con arena, azucenas y claveles. Detrás la vega con sus frutos: Cañas de azúcar, chirimoyas, y plataneras; formando un conjunto muy original. En el centro del retablo se abre la embocadura que da vista al camarín, Está enmarcada con rayos, nubes y angelotes que las apartan para que se vea la Virgen. Entre las nubes se abre un pórtico con columnas toscanas y un entablamento clásico, que además de enmarcar la embocadura, sirve de base al tercer cuerpo del retablo, donde descansan las imágenes del Padre Eterno y Jesucristo esculpidos en un canon mayor al natural. Al fondo, tras las imágenes, se abre un gran arco con angelotes entre nubes, representando la puerta de la Gloria. Detrás del padre Eterno aparece el Paraíso con Adán durmiendo que simboliza la Creación. Tras la imagen de Jesús, se representa la basílica de San Pedro de Roma como símbolo de la Iglesia.

En la capilla mayor existía antiguamente un hermoso retablo barroco del siglo XVIII con interesantes imágenes, destacando el crucificado que lo remataba, imagen más antigua que el resto del retablo y de bastante más valor artístico. Esta obra desapareció en la Guerra Civil, construyéndose el actual en los años 60, trazado y realizado por el escultor Manuel González Ligero.

El camarín

Construido seguramente en el siglo XVIII y con antigua decoración de yesería barroca, perdida en gran parte en la Guerra y realizada de nuevo por el escultor motrileño Manuel González Ligero en los años 60 manteniendo el mismo esquema anterior, es el espacio más decorado de todo el Santuario.

Este camarín está cubierto por cúpula semiesférica sobre pechinas y su decoración se basa en cuatro amplios paneles de arco de medio punto, enmarcados por moldura ancha en escocia que los delimita.

En el panel de la entrada destaca la tallo de la puerta, fabricada en madera de agriaz, con el motivo central de un jarrón de azucenas sostenido por ángeles y enmarcado con abundantes motivos vegetales, destacando la hojas de acanto, todo ello policromado. La puerta se encuentra enmarcada por un fuerte moldurado en yeso policromado y en la parte superior del panel a modo de clave del arco, aparece como coronamiento el escudo de la ciudad, rodeado por un entramado de motivos vegetales. El panel frente a la puerta tiene igual decoración y se abre en un vano con celosía como oratorio de la casa arzobispal anexa al templo. Otro panel lo ocupa la embocadura del camarín y es muy distinto en su decoración al resto de los paneles, ya que está cubierto por un gran cristal para dar visión desde la iglesia a la imagen de la Virgen y por consiguiente es un gran arco moldurado, rematado en la clave por un grupo de angelotes que miran a la Imagen.

 El último panel, situado frente al anterior, se abre al exterior con un vano con excepcionales vistas a la vega y se cierra con una gran puerta de madera de agriaz, decorada con motivos vegetales policromados. En la clave del arco de este panel aparece entre la decoración vegetal el escudo del arzobispo Rafael García y García de Castro.

Las pechinas que sostienen la cúpula están también decoradas con motivos vegetales policromados, teniendo en el centro una cartela con piedra de ágata y en su parte superior a modo de remate una hermosa corona policromada y esmaltes imitando piedras preciosas.

El anillo de la cúpula aparece también fuertemente moldurado y está segmentada por ocho bandas decoradas con motivos vegetales y policromados a modo de radios. Los paneles entre la bandas también están muy decorados con motivos vegetales dorados. El centro de la cúpula lo ocupa un florón también muy recargado de yesería vegetal policromada.

Es de destacar el gran volumen en altorrelieve de la hojarasca de las pechinas y cúpula, a pesar de todo ello la decoración del camarín resulta frágil y carente de pesadez. Todo aparece dorado y bruñido, alternándose los brillos y los mates. La policromía es suave y existe una unidad de relación entre los diversos elementos arquitectónicos y decorativos, consiguiéndose una obra llena de belleza. (Tomado de: Cuadernos del Patrimonio Histórico-Artístico de Motril. El cerro de la Virgen de la Cabeza”. Editado por el Área de Educación y Cultura del Excelentísimo Ayuntamiento de Motril)

La torre campanario

En el exterior, adosada a la cabecera del templo en el testero izquierdo, se encuentra la torre campanario que resulta airosa por el buen trabajo de ladrillería ornamentando vanos y macizos, el cuerpo de campanas y el chapitel.

Esta torre, de cierta influencia levantina, tiene cinco cuerpos de alzado. El primero sin apenas decoración presenta sólo vano recuadrado. El segundo presenta pilastras toscanas en las aristas y vano rectangular enmarcado por pilastras toscanas y entablamento clásico. El tercero con decoración de dados en las aristas y vano rectangular enmarcado igual que el anterior y cornisa de mensulones como continuación del cuerpo de la iglesia. El cuarto está decorado con pilastras triples del mismo orden sobre podium y vano rectangular con enmarque de pilastras toscanas, rematado por un frontón triangular. El cuerpo de campanas aparece decorado por pilastras dóricas triples sobre podium, friso con triglifos y metopas y una gran cornisa formada por varias molduras escalonadas dispuestas en voladizo como remate del edifico; tiene un solo vano de medio punto en cada cara, con ménsula en la clave.

Originalmente la torre era de cubierta plano y se concluía con un pretil macizo con bolas en las esquinas, pero tras su restauración en los años 60, se le añadió un chapitel octogonal que acentúa la altura de la torre y la verticalidad de todo el conjunto arquitectónico. (Tomado de: Cuadernos del Patrimonio Histórico- Artístico de Motril. El cerro de la Virgen de la Cabeza”. Editado por el Área de Educación y Cultura del Excelentísimo Ayuntamiento de Motril)

El entorno

Hasta el primer cuarto del siglo XX el cerro estuvo desprovisto de vegetación, recortándose majestuosa sobre su cima la silueta de! santuario. En la actualidad y tras numerosas transformaciones, el ascenso al mismo, se realiza a través de una frondosa vegetación en el centro de la cual se distribuye escalonadamente un elegante jardín.

(Tomado de: “Cuadernos del Patrimonio Histórico-Artístico de Motril. El cerro de la Virgen de la Cabeza. Editado por el Área de Educación y Cultura del Excelentísimo Ayuntamiento de Motril)

       

 Datos Históricos

"FIESTA Y RELIGIOSIDAD EN MOTRIL EN 1.916"

Domingo Aº López Fernández

El día 15 de agosto se conmemora la fiesta de la Asunción de la Virgen, y en Motril, este día tiene una significación especial. Es el día de su Patrona, la Virgen de la Cabeza. Su efigie, pequeña y diminuta, recorre en loor de multitud las calles de Motril siguiendo una tradición arraigada en el tiempo. Fue en 1.635 cuando el cabildo municipal erigió su patronazgo sobre la efigie y el santuario y, desde entonces, ha celebrado con fervor y devoción su festividad.

Pero ¿como se manifestaba esa devoción entre el pueblo llano y cuales eran los cultos que se programaban en su honor? Realmente eran muy numerosos los actos que disponía la junta directiva de su Hermandad en los comienzos de siglo. La novena, salves, cánticos, comunión general, predicación, sermones, recordatorios a sus asociadas fallecidas...., etc., y como colofón, la procesión en la tarde del día 15. El paso de la Virgen por las calles de Motril merece, pues, un punto de atención especial, y por ello, desvelamos hoy los preparativos de la fiesta en un año concreto, 1.916.

La junta de señoras que presidía la Real Hermandad de Nuestra Señora de la Cabeza había celebrado varias reuniones durante los meses de mayo y junio para tratar diversas cuestiones de orden interno y los aspectos concernientes a la tradicional fiesta que se le había de ofrendar a la Patrona en el mes de agosto. Era cuestión primordial decidir el destino de los fondos recaudados en la velada teatral que habían organizado distinguidas señoritas de la localidad. Familias tan arraigadas en Motril como los Banqueri, Cazorla, Pérez Padilla, Álamo, Peramos, Moreu, Esteva Sánchez o Insua, entre otras, habían prestado su desinteresada colaboración para obtener una gratificante recompensa: dedicar la colecta para la restauración del Santuario de la Virgen de la Cabeza.

A finales del mes de mayo la junta rectora había determinado la necesidad de verificar importantes reformas en la ermita. Era intención de la hermandad acometer la total remodelación de la solería de la sacristía, ante su deteriorado estado de conservación. Además, habían dispuesto erigir una pequeña estancia en el huerto anexo para custodiar los objetos de valor de la sagrada efigie de la Virgen. La sala serviría igualmente para depositar aquellos enseres que por su volumen, sufrían frecuentes desperfectos en su traslado. Tales intervenciones requerían un importante desembolso económico que escapaba a las propias posibilidades de la hermandad, dado que los fondos disponibles eran exiguos. La cuestión es debatida en el seno de la junta y, a iniciativa de su presidenta, la Excma. Srª Dª Eladia Cuevas de Jiménez Caballero, se inicia una suscripción voluntaria entre sus asociados. Se persigue, asimismo, allegar recursos para efectuar una nueva instalación eléctrica en el templo. La idea es bien acogida por todos los presentes y cuenta con la inmediata aportación de varios motrileños, destacando por su cuantía la donación de quinientas pesetas que efectuó D. Miguel Dolagaray, y otra entrega de doscientas pesetas que efectuó el Sr. Huelín. Comentario especial mereció la visita que la junta directiva hizo al Expresidente del consejo de ministros, el Excmo. Sr. D. Antonio Maura, a su paso por Motril. En ella se le agradeció su interés y el celo mostrado para recuperar varios títulos de deuda pública emitidos a favor de la hermandad motrileña. Una carta remitida a su presidenta por tan eximio personaje público fue leída en la sesión, dándose a conocer las gestiones efectuadas hasta el momento.

Durante el mes de julio la junta de señoras comienza a programar los cultos que ha de ofrendar a su patrona. Se ha de procurar que gocen de gran esplendor, y por ello se han entablado contactos con una capilla de cantores de Granada para que se desplacen hasta Motril y asistan a la novena de la Virgen. Desde el seno de la hermandad también se han intensificado las gestiones para que la ermita pueda estrenar en ese día su nueva instalación eléctrica. Las obras se han estado ejecutando con extrema celeridad y la remodelación de la solería de mosaico ya ha quedado concluida, al igual que los trabajos de blanqueo y albañilería, cuyo costo total ha ascendido a la cantidad de 800 pts. El interior del templo también se encuentra en el punto de mira de la hermandad. Sus camareras serán las encargadas de engalanar el altar, así como embellecer el entorno exterior, en particular la rotonda sur, conocida como el "Balcón de Europa", que ha de ser retocado y adecentado.

La fiestas en honor de la Virgen de la Cabeza tienen lugar este año del seis al quince de agosto. El día inaugural la banda de música municipal recorre las calles desde las cuatro y media de la madrugada tocando su diana floreada. Días antes, el Ayuntamiento ha dispuesto que los accesos a la ermita sean arreglados y el firme regado diariamente. Trescientas lámparas eléctricas y multitud de arcos voltaicos iluminan espléndidamente el lugar, así como también los paseos de las Explanadas. Las fiestas patronales auguran días de asueto y  diversión, pero también, darán rienda suelta a las muestras de fervor popular que los motrileños ofrecen a su Madre celestial.

La novena en honor de la Patrona principia ese mismo día seis a las ocho de la tarde. La labor del cuerpo de camareras ha sido digna de encomio por su buen gusto en el exorno del Santuario.  Para esta ocasión el retablo del altar mayor aparecía silueteado con líneas de luz eléctrica que le confieren un ambiente de excepcional sacralidad. Elogiaba con admiración el redactor de "El Motrileño" la armonía del conjunto, exponiendo como las "líneas de luces eléctricas convierten el altar mayor en ascua de fuego de las que surge la imagen bendita y adorada por los motrileños, que luce sus más preciadas joyas y ricas preseas...". Ha sido la Hermandad la que ha dispuesto este particular toque de atención, que se extiende asimismo por la escalinata que conduce al altar mayor y las capillas laterales. Un sin fin de plantas, flores, macetas y jarrones se arraciman por todo este ámbito, y en especial junto al presbiterio. Al lado de la epístola se ha colocado el estandarte de la Real Hermandad de señoras "precioso trabajo en que no sabemos que admirar más, la excelente pintura con que esta hecha la efigie de la Virgen o los delicados bordados que la circundan...". Son varios los oradores que a lo largo de la semana se turnan en el púlpito para cantar las alabanzas a la Virgen. El jueves, 10 de agosto, ocupa la cátedra sagrada el nuevo capellán del santuario D. Joaquín González Molina. Al día siguiente el párroco D. José Puerta Bueno será el encargado de dirigirse a los feligreses "demostrando una vez más la suma de conocimientos que posee en su misión apostólica", según refiere nuevamente el redactor de "El Motrileño". Todas las tardes los fieles abarrotan el interior del templo para testimoniar con su presencia la fe y devoción hacia su Patrona. Terminada la novena, todas las noches se organizan veladas musicales en los paseos de las Explanadas que están amenizadas por la banda municipal.

El domingo, 13 de agosto, la Hermandad de señoras celebra por la mañana misa mayor en el Santuario, recibiendo todos sus componentes la sagrada comunión. Al día siguiente, a la conclusión de la novena, la imagen de la Virgen de la Cabeza es trasladada en procesión a la Iglesia Mayor. Por cuestión de espaciosidad se ha de celebrar allí la solemne función religiosa a la que ha de asistir el Ayuntamiento en pleno y el resto de autoridades civiles y militares. La efigie de la Virgen ha sido colocada en un lujoso trono de plata, que ha sido donado por la familia Jiménez Caballero. En esta ocasión aparece exornado con un conjunto de flores y una novedosa instalación de gas acetileno que hace resaltar con fulgor las preseas de la Patrona. La Virgen de la Cabeza, majestuosa, va ataviada con un rico manto de color blanco bordado en oro que le ha donado el Marqués de Vistabella.  Uno de sus mayordomos de honor, D. Mariano Cuevas Jiménez, portará el extremo de éste, según ha dispuesto la hermandad de señoras.

El día del traslado la comitiva procesional ha iniciado su marcha desde la ermita con el estandarte de la Real Hermandad de caballeros y multitud de fieles con velas encendidas. Le sigue la banderola de la Real Hermandad de señoras y la totalidad de asociadas que la componen. Tras ellas, su presidenta, la Excma. Srª Dª Eladia Jiménez de las Cuevas y sus dos vicepresidentas, Dª Matilde Cuevas de Rojas y Dª Carolina Insua de Cazorla preceden al trono. A su lado y en representación de la Hermandad de caballeros figura también como mayordomo de honor D. Miguel Pérez Granés. Las andas de la Virgen son portadas por cuadrillas de jóvenes de la localidad, que se suceden por turnos para que todos puedan ofrecer su fe y devoción a la Virgen motrileña. Tras el trono marcha el clero parroquial con la cruz alzada y una representación oficial del Ayuntamiento. La banda de música municipal cierra el cortejo procesional, que llega a la iglesia de la Encarnación a las once de la noche. Durante el trayecto han sido disparadas innumerables salvas de cohetes y palmas reales, a la vez que los vítores a la Patrona inundan con su clamor el silencio de la noche.

El día 15 es la jornada festiva por excelencia. A las diez y media de la mañana se inicia en la iglesia de la Encarnación la misa mayor oficiada por D. Enrique Pérez Padilla, asistido de diácono y subdiácono. La efigie de la Virgen ha sido colocada en un altar portátil junto al retablo del altar mayor. Los mayordomos de honor toman asiento bajo el púlpito del Evangelio, mientras que las autoridades civiles y militares, presididas por el alcalde, D. Francisco Pérez Santiago, se disponen en los sillones preferenciales. Tras ellos, se acomodan los miembros de la hermandad y el resto de la feligresía.

Concluido el Evangelio, D. José Villanova, canónigo de la Abadía del Sacromonte, ocupa la cátedra del Espíritu Santo, pronunciando un bello sermón colmado de profundos conocimientos teológicos. Expone en su oratoria que "la Santísima Virgen en su gloriosa Asunción se constituye en Reina y Cabeza de los habitantes del cielo y desde allí ejerce su benevolencia con todo el humano linaje...". Cuenta, además, con la presencia de la capilla de cantores que ha sido contratada en Granada y que está dirigida magistralmente por el motrileño Cándido Auger. A las doce de la mañana concluye la santa misa, y se dispara una sonora traca.

La procesión de la Virgen tiene lugar a las siete y media de la tarde. Sale la comitiva desde la Iglesia Mayor por su acceso hacia el norte con la misma disposición que el día anterior. Desfilan, además, la Real Hermandad del Santísimo con su estandarte, la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús, y las banderolas de las Hijas de María, el Sagrado Corazón de Jesús, El Santísimo Rosario, la Virgen de la Cabeza y demás hermandades de la iglesia de la Encarnación. Desde su inicio y hasta la plaza de Pedro Moreu, hoy día plaza de los Mártires, no cesa la quema de cohetes y palmas reales. Continúa la procesión por la calle Cardenal Belluga, plaza de Canalejas y Martínez Campos, conocida popularmente como calle Catalanes. En la plaza de Díaz Moreu la comitiva efectúa una parada solemne. Desde el balcón central de la "Fonda Granadina" se le ofrece a la Virgen el magistral cántico "Bendita sea tu pureza", con acompañamiento de piano. El silencio de los presentes inunda toda la plaza. Luego, prosigue la procesión por la plaza de Larios (Jardinillos), calle Carrera y Joaquín López Atienza (Calle González Cervera), para enfilar desde allí la cuesta del Santuario. Ya en el interior de la ermita la Virgen es colocada al pie del presbiterio y una sonora salva de palmas reales pone el colofón a la fiesta. Los vítores y aclamaciones a la Patrona no han cesado durante el trayecto, evidenciando el desmedido fervor popular que todo Motril tiene a su Virgen de la Cabeza. 

Concluida la procesión, los dos mayor-domos de honor disponen en la misma sacristía un refrigerio al clero, autoridades y demás invitados, siendo felicitados por la solemnidad y orden que ha caracterizado la función procesional. Ya a las diez de la noche, se da por terminado el acto, regresando todas las autoridades y hermandades a la plaza de la Constitución. Más tarde, la fiesta se traslada hasta los paseos de las Explanadas. Son muchas las personas que se han desplazado desde los pueblos vecinos para contemplar el paso de la Virgen por las calles de Motril, y aprovechan para asistir a la verbena popular. La banda de música municipal ameniza la velada hasta las doce de la noche, aunque la animosidad y aire festivo de los jóvenes continua hasta altas horas de la madrugada.

Otro año más la Virgen de la Cabeza ha recorrido las céntricas calles de la ciudad, poniendo el colofón a las fiestas patronales. Todo Motril ha sido un hervidero de gentes deseosas de rendir pleitesía a su Patrona. Calles y plazas han quedado colmadas por multitud de personas que han acompañado hasta su morada a la Virgen motrileña. Como antaño, como siempre, como ocurre hoy en día, todo Motril ha estado con su Patrona, evidenciando su particular y concreta manifestación de religiosidad popular.

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Publicado en Semanario el Faro, Año 68 (1.998). Nº 3.557. Extraordinario Verano.
Así mismo, con motivo de la Coronación canónica de la Virgen de la Cabeza fue publicado nuevamente en Semanario el Faro, Año 70 (2.000). Nº 3.650. Extraordinario Verano.

 

La Leyenda de la Virgen

¿En qué se funda la leyenda?

Examinen cuidadosos este punto de mi estudio y se enterarán perfectamente.

De una petición de los regidores Jurados de Motril de 1630, que más adelante insertaré íntegra, copio lo que sigue:

"La Imagen de Nuestra Señora de la Cabeza traída una nave que venía de levante y levantose una tormenta tan fuerte  que se le quebraron los árboles y viéndose perdidos los marineros y demás gente de la nave se hincaron de rodillas delante de la Imagen y pidieron a nuestra Señora suplicase a su bendito Hijo les libren de la tormenta y les permitieran que en donde quiera que la tormenta parase sacarían esta Imagen á tierra y allí le fabricarían una ermita."

Y llegaron a Motril, dieron cuenta al Clero y en procesión fue llevada la Virgen al Cerro, y allí se la dio nombre. Véase lo que dicen los tres primeros autores ya citados y otros que cito ahora.

Madoz (1848):

"Hay tradición de que unos marinos portugueses por el año de 1510, sustrajeron de Corinto la Santa imagen y que navegando hacia su país, sufrieron tan recia tormenta que al cabo de 6 días de naufragio aportaron salvos á Motril, y edificaron á la Virgen en este paraje su primitiva ermita."

Santayo (1848): 

"Hay tradición de que unos marineros portugueses, navegando hacia su país con la Santa Imagen, combatidos por una recia tempestad, ofrecieron a la Virgen edificarle un templo en donde aportaron salvos, y habiéndolo conseguido en Motril lo verificaron en este Cerro."

Sociedad de literatos (1852):

"Según tradición vulgar fué traída aquí (la Virgen) por unos portugueses y colocada en una pequeña ermita en el lugar (el cerro)."

Ilarduya (en El Eco del Litorial, de Motril, en 1889):

"Hay tradición que consigna en actas capitúlares, de que unos marineros portugueses por el año de 1510 (del que se separaban 17 años de la expulsión de los moriscos) sustrajeron de Corinto la Santa Imagen y que navegando hacia su país, sufrieron tan recia tempestad que ofrecieron á la Virgen edificarle un templo en donde aportaran salvos, y habiéndolo conseguido en Motril al cabo de 6 días de naufragio, la trasladaron hombres de los mismos náufragos, según promesa hecha en medio de la deshecha tempestad, á una de las mezquitas consagradas en nuestra entonces villa para el culto público, mientras se erigió á costa de aquellos marineros y mediante el voto hecho en el mar, una ermita para la instalación de la Sagrada Imagen."

Sexitano (en Nuestro Tiempo, de Motril, julio de 1904):

"Unos marinos portugueses, refiere la tradición en actas capitulares por los años 1510 del que separaban 17 años la expulsión de los moriscos, sustrajeron de Corinto la santa imagen de la Virgen de la Cabeza, y navegando hacia su país sufren tan recia tempestad que ofrecen á la Virgen griega edificarla un templo donde aportaron salvos, habiéndolo conseguido en Motril al cabo de seis días de naufragio. ¿Fue en esta ocasión y con este motivo cuando brotaron las nevadas y perdurables azucenas que aromatizan nuestras playas? ... no robemos al pueblo sus poéticas tradiciones y sus creencias marianas. Trasladaron la Imagen en hombros de los mismos náufragos, según promesa hecha en medio de la deshecha tempestad, á una de las mezquitas consagradas en nuestra población al culto público, mientras se erigía á costa de aquellos marineros y mediante el voto hecho en el mar una ermita para Ia instalación de la sagrada imagen."

Domínguez Blanco (en Nuestro Tiempo, de Motril, en agosto de 1904):

"Nada hemos de decir tampoco acerca de la tradición de la sagrada Imagen de Nuestra Señora, porque de todos es conocida, pues sabido es que los marinos portugueses que de Corinto llevaban dicha Imagen á su país, al levantarse la tempestad ofrecieron á la Virgen desembarcar allí donde se hallasen libres del peligro que corrían, haciéndolo al fin en nuestra playa, después de seis días de rudo combate con los vientos y las olas, contando la tradición, que, donde desembarcaron á la Virgen brotaron las azucenas que existen todavía, como testimonio fehaciente de esa misma tradición, teniendo la particularidad las mencionadas azucenas, símbolo de la pureza, que por más que han sido trasladadas á otros terrenos para que arraiguen y se reproduzcan, jamás han arraigado, lo cual hace conservar más la fé de esta bella tradición en el pueblo motrileño."

Un motrileño (en Vida Nueva, de Motril, de 15 de agosto de 1905):

"Portugueses fueron, en efecto, (16) los infelices marinos que según la tradición, náufragos en una tempestad, ofrecieron edificar un templo á la Virgen que llevaban á bordo allí donde las olas les dejaran salvos. En arribada forzosa dio ese buque con su combatido casto en la playa motrileña.
En Motril había de edificarle un templo la gratitud de los pobres marineros. Y una vez en tierra dejaron en la playa su cargamento y con su cargamento, sola en la arena la Virgen de su barco.
Y cuando al otro día, al sitio de la arribada se volvieron, allí estaba María, rodeándola un vergel de blancas y embalsamadoras azucenas. ¿Comenzaron entonces á nacer allí esas flores? ¿Estaban allí? ¿Brotaron después? Inclinemos la frente ante la poesía de la tradición…  "

Manuel Rodríguez Martín “Ortiz del Barco”
(Los Franciscanos, 1908)

 

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